miércoles, 26 de noviembre de 2008
Promesa de fin de año prematura
Querido Blog abandonado, prometo ser menos solemne y escribir más seguido.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Redondeada a fuerzas
Hoy fuimos a la Comercial Mexicana a comprar bolillos y aguacate para el pollo rostizado. Llevábamos prisa por eso de que el pollo ya había llegado a la oficina y a veces son bien manchados y se aprovechan de que no están todos. Aunque ni es cierto, porque cuando parece que la repartición va a ser bien injusta y uno se apresura por comer más rápido, siempre acaba sobrando comida y se queda ahí en el refri hasta que a alguién le da asco y la tira a la basura. Como le pasó a los toppers de florecitas, que eran de una chava que ya ni trabaja aquí, que por que se embarazó o consiguió un mejor trabajo, creo.
El caso es que estábamos en la Comer y la cola era larguísima y teníamos un montón de hambre y de ansías, y la fila nomás no avanzaba. Cuando por fin llegamos a la caja, la señorita nos dió el precio y Claudia lo pagó, y ya hubiera estado si no fuera por que el número estaba raro. – Su total es de 104 pesos con un centavo, ¿Desea redondear? – Y antes de que pudieramos hacer las cuentas Clau dice – Si, lo que sea – suelta el billete, agarra la bolsa y avanza como si nada.
¿Un centavo? ¿Cómo le íbamos a pagar un centavo? Y qué, como no podemos pagarle en una denominación inexistente nos va a cobrar el 99 por ciento del monto que se supone que le debemos. Ya se que un peso no es mucho, y que va para los niños lisiados, o para las computadoras en las escuelas, o para los paciente con cáncer, pero ¿Qué no es ilegal que sus precios sean impagables? Y si voy a regalarle a alguién parte de mi sueldo, no va a ser a la Comer, aunque hayan quebrado con lo del dólar. Ah, pero eso si, por ahí del seis o siete de diciembre va a salir en la tele Lucerito chillando que porqué el dichoso super donó no se cuántos millones de pesos. Y mientras ellos deducen sus actos de caridad, yo sigó cazando facturas para que Maricarmen me descuente menos de la nomina.
El caso es que estábamos en la Comer y la cola era larguísima y teníamos un montón de hambre y de ansías, y la fila nomás no avanzaba. Cuando por fin llegamos a la caja, la señorita nos dió el precio y Claudia lo pagó, y ya hubiera estado si no fuera por que el número estaba raro. – Su total es de 104 pesos con un centavo, ¿Desea redondear? – Y antes de que pudieramos hacer las cuentas Clau dice – Si, lo que sea – suelta el billete, agarra la bolsa y avanza como si nada.
¿Un centavo? ¿Cómo le íbamos a pagar un centavo? Y qué, como no podemos pagarle en una denominación inexistente nos va a cobrar el 99 por ciento del monto que se supone que le debemos. Ya se que un peso no es mucho, y que va para los niños lisiados, o para las computadoras en las escuelas, o para los paciente con cáncer, pero ¿Qué no es ilegal que sus precios sean impagables? Y si voy a regalarle a alguién parte de mi sueldo, no va a ser a la Comer, aunque hayan quebrado con lo del dólar. Ah, pero eso si, por ahí del seis o siete de diciembre va a salir en la tele Lucerito chillando que porqué el dichoso super donó no se cuántos millones de pesos. Y mientras ellos deducen sus actos de caridad, yo sigó cazando facturas para que Maricarmen me descuente menos de la nomina.
lunes, 13 de octubre de 2008
Visita al cirujano, Remedios Varo

A través de la ventana se aprecia a la mujer perfecta. Una larga cabellera dorada rodea su cuerpo desnudo con líneas meticulosamente definidas, como el dibujo de un río en el mapa. Grandes ojos a medio abrir y un trazo recto dirigen la vista de su pequeñísima nariz, a una boca cerrada. A unos labios callados e inexpresivos.
El rostro en forma de corazón se sostiene por un cuello de cisne, preámbulo a un primer par de voluptuosos pechos. Bajo sus senos porta otros senos y bajo éstos se encuentra el tercer y último par. Cada uno más disminuido que el anterior, pero todos tan respingados como los demás.
Continuando hacia el sur, entre la diminuta cintura y sus femeninas caderas descansa un ombligo que parece pintado; y luego la sugerencia de un sexo limpio y simétrico. Esta inmóvil figura no necesita brazos ni piernas, y las terminaciones de sus miembros superfluos se desvanecen sutilmente en el fondo del aparador.
Afuera del consultorio, parada en el umbral junto a la ventana, espera una mujer-monstruo. Ya ha tocado el timbre, y sólo falta que la puerta se abra para refugiarla de la calle. El velo que la cubre evidencia vergüenza; y su plastourgencia se explica de inmediato por la tragedia de una nariz prominente; parece probable que sus túnicas escondan imperfectos semejantes, o incluso peores, a los de su cara.
La mujer idónea mira a la deforme hacía abajo; en sus ojos un dejo de fría aprobación, pronto ambas serán iguales. Impecables.
El rostro en forma de corazón se sostiene por un cuello de cisne, preámbulo a un primer par de voluptuosos pechos. Bajo sus senos porta otros senos y bajo éstos se encuentra el tercer y último par. Cada uno más disminuido que el anterior, pero todos tan respingados como los demás.
Continuando hacia el sur, entre la diminuta cintura y sus femeninas caderas descansa un ombligo que parece pintado; y luego la sugerencia de un sexo limpio y simétrico. Esta inmóvil figura no necesita brazos ni piernas, y las terminaciones de sus miembros superfluos se desvanecen sutilmente en el fondo del aparador.
Afuera del consultorio, parada en el umbral junto a la ventana, espera una mujer-monstruo. Ya ha tocado el timbre, y sólo falta que la puerta se abra para refugiarla de la calle. El velo que la cubre evidencia vergüenza; y su plastourgencia se explica de inmediato por la tragedia de una nariz prominente; parece probable que sus túnicas escondan imperfectos semejantes, o incluso peores, a los de su cara.
La mujer idónea mira a la deforme hacía abajo; en sus ojos un dejo de fría aprobación, pronto ambas serán iguales. Impecables.
jueves, 9 de octubre de 2008
La Mar (o Crónica de una Comensal Frustrada)

En la inauguración de la cevichería peruana, La Mar, los mariscos brillaron por su ausencia, y como es difícil describir una experiencia culinaria cuando no hay comida, me veo obligada a cubrir el evento desde otra perspectiva.
El lugar es bonito, aunque en principio parecía tener pocas mesas para ser un restaurante; el espacio vacío sólo dejó de ser inexplicable cuando el local se retacó de gente al estilo metrobus.
A pesar de que no había donde sentarse, la espera fue alivianada por grandes cantidades de alcohol barato servido en vasitos de plástico por las edecanes de los patrocinadores: chicas guapas, voluptuosas, y mucho más dispuestas que los meseros a atender a la clientela.
Pero es injusto asegurar que los meseros no querían ofrecer un buen servicio, siendo que probablemente no podían. El hecho es que esta es la primera vez que le pregunto a un mesero por el baño, y éste no tiene la mas remota idea de dónde encontrarlo.
Cuando, tres horas más tarde de la cita, salieron de la cocina cuatro incautos con charolas de ceviche en caballitos tequileros, éstos fueron devorados por la muchedumbre más rapido que una vaca en el Amazonas. Sobra decir que a los de atrás no nos tocó.
Si la noche de apertura es indicativa del servicio que los clientes esperamos recibir en este resturante/bar/antro de mala muerte, los de la taquería de enfrente tienen razones para celebrar; ya que es ahí donde terminamos los comensales menos pacientes de la noche.
martes, 7 de octubre de 2008
Crónica de un ataque terrorista
Era nuestra primera mañana en el Cairo y nos despertó la oración matutina; voces graves y repetitivas que se escuchan todas las madrugadas desde los minaretes de la ciudad.
Ale se metió a bañar, ella había perdido el volado. Mientras mi prima disfrutaba de la regadera sonó el teléfono dos veces, pero yo estaba demasiado cansada para contestar. Luego fue mi turno de usar el baño y para mi gran desgracia tuve que levantarme de la cama.
A medio desvestir escuché un sonido agudo y prolongado, me tarde un rato en entender que se trataba de la alarma contra incendios. Incluso una vez registrado este hecho, asumí que era un error del hotel y marqué indignada a la recepción para que lo corrigieran. No obtuve respuesta.
Ale descorrió las cortinas y nos asomamos por la ventana, descubrimos que había humo subiendo desde el primer piso, nublando nuestra vista hacía abajo.
Recordé de golpe todas las advertencias que me habían hecho antes de viajar. Es un país miserable, mal organizado y peligroso; lleno de gente retrógrada y violenta. Apenas unos años antes, setenta turistas alemanes fueron brutalmente ejecutados en Luxor, y el reciente ataque a las torres gemelas había puesto a Egipto en la mira como un lugar de alto riesgo. Por eso todo salió más barato. Por eso me encontraba en el piso veintitrés de un hotel que parecía un blanco perfecto para cualquier fanático con iniciativa.
Ale forzó la voz en un intento por mantener la calma – María Cristina vístete, se está quemando el hotel – Sorprendentemente logré responder, me puse la pijama y mis tenis. Tomé una bolsa, el dinero y los pasaportes.
Mientras tanto mi prima buscó al Tío Jorge. Todavía con su voz de tranquilidad aterradora dijo -Papá salte, se quema el hotel –, – Ale espérame, que me estoy bañando - y con esas palabras perdió toda compostura, entró al baño y lo jaló del brazo desnudo en un intento desesperado por salvarlo.
De pronto alguien tocó la puerta de la habitación. Confundida, y con pasaportes en mano, abrí para encontrarme con tres árabes perfectamente uniformados. En un ingles medio fallido me avisaron –Está sonando su alarma- Su obviedad me exasperó –Sí- les contesté, apurada por bajar veintitrés pisos corriendo –Se quema el hotel-
Los egipcios me vieron como si no entendieran. Cuando Ale y el Tío Jorge salieron del cuarto de junto, mojados y extremadamente agitados, los hombres de seguridad nos explicaron bien fuerte, lento y claro que no pasaba nada. Qué el hotel estaba intacto. De nuevo, nos tardamos en reaccionar.
–Pero vimos el humo- alegó Ale con voz temblorosa.
Resulta que las calderas sacan vapor por las mañanas y que el ambiente del Cairo hace que éste suba con mucha velocidad. La alarma fue un error del hotel y al día siguiente nos regalaron una canasta de fruta. También recibimos una dosis de humillación que nos separó de la paranoia irracional que veníamos arrastrando desde el otro lado del mundo; fue suficiente para permitirnos disfrutar, cabizbajos y felices, el resto del viaje.
Ale se metió a bañar, ella había perdido el volado. Mientras mi prima disfrutaba de la regadera sonó el teléfono dos veces, pero yo estaba demasiado cansada para contestar. Luego fue mi turno de usar el baño y para mi gran desgracia tuve que levantarme de la cama.
A medio desvestir escuché un sonido agudo y prolongado, me tarde un rato en entender que se trataba de la alarma contra incendios. Incluso una vez registrado este hecho, asumí que era un error del hotel y marqué indignada a la recepción para que lo corrigieran. No obtuve respuesta.
Ale descorrió las cortinas y nos asomamos por la ventana, descubrimos que había humo subiendo desde el primer piso, nublando nuestra vista hacía abajo.
Recordé de golpe todas las advertencias que me habían hecho antes de viajar. Es un país miserable, mal organizado y peligroso; lleno de gente retrógrada y violenta. Apenas unos años antes, setenta turistas alemanes fueron brutalmente ejecutados en Luxor, y el reciente ataque a las torres gemelas había puesto a Egipto en la mira como un lugar de alto riesgo. Por eso todo salió más barato. Por eso me encontraba en el piso veintitrés de un hotel que parecía un blanco perfecto para cualquier fanático con iniciativa.
Ale forzó la voz en un intento por mantener la calma – María Cristina vístete, se está quemando el hotel – Sorprendentemente logré responder, me puse la pijama y mis tenis. Tomé una bolsa, el dinero y los pasaportes.
Mientras tanto mi prima buscó al Tío Jorge. Todavía con su voz de tranquilidad aterradora dijo -Papá salte, se quema el hotel –, – Ale espérame, que me estoy bañando - y con esas palabras perdió toda compostura, entró al baño y lo jaló del brazo desnudo en un intento desesperado por salvarlo.
De pronto alguien tocó la puerta de la habitación. Confundida, y con pasaportes en mano, abrí para encontrarme con tres árabes perfectamente uniformados. En un ingles medio fallido me avisaron –Está sonando su alarma- Su obviedad me exasperó –Sí- les contesté, apurada por bajar veintitrés pisos corriendo –Se quema el hotel-
Los egipcios me vieron como si no entendieran. Cuando Ale y el Tío Jorge salieron del cuarto de junto, mojados y extremadamente agitados, los hombres de seguridad nos explicaron bien fuerte, lento y claro que no pasaba nada. Qué el hotel estaba intacto. De nuevo, nos tardamos en reaccionar.
–Pero vimos el humo- alegó Ale con voz temblorosa.
Resulta que las calderas sacan vapor por las mañanas y que el ambiente del Cairo hace que éste suba con mucha velocidad. La alarma fue un error del hotel y al día siguiente nos regalaron una canasta de fruta. También recibimos una dosis de humillación que nos separó de la paranoia irracional que veníamos arrastrando desde el otro lado del mundo; fue suficiente para permitirnos disfrutar, cabizbajos y felices, el resto del viaje.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
Extreme Makeover etc...

Salir en Extreme Makeover debe ser genial, por que los productores reciben peticiones de más de 10 mil voluntarios en Estados Unidos para participar. Una vez elegidos los afortunados individuos, éstos son sometidos a una completa remodelación de imagen a manos de los expertos del Extreme Team, que incluye cirujanos plásticos, oculistas, dentistas maquillistas, estilistas, diseñadores y entrenadores. En las palabras del sitio oficial del programa: “A real life fairy tale in which their wishes come true, not just to change their looks, but their lives and destinies.”
Una definición de reality show, es que el género muestra situaciones, relatos y pasiones que aparecen en pantalla asociadas a personas que no tienen ninguna relación profesional con la televisión. En el caso de Extreme Makeover este concepto resulta inaplicable. Antes de participar, la solicitud para entrar al programa incluye preguntas cómo: ¿Qué partes de tu cuerpo te gustaría alterar? ¿Por qué? ¿De que forma se ha visto afectada tu vida por tu apariencia física? El candidato también debe incluir un video que muestre todas los defectos que desea operarse, y que explique por qué se merece un Extreme Makeover. Una vez firmada la solicitud, toda la información se vuelve legalmente propiedad de la compañía productora, formalizando así la relación profesional:
“By submitting this application I hereby consent to the recording, use and reuse by Producers…of my voice, actions, likeness, name, appearance, biographical material, and any information contained in my application to be a participant in the Program selected to participate in the Program in any manner whatsoever”
En cada programa se transforma a dos personas: los vemos desde su fase inicial y, después de varios meses de procedimientos televisados a detalle, llegar al resultado final. Luego los candidatos revelan su nueva imagen a sus amigos y familiares.
¿Es en verdad un sueño hecho realidad? Porque todo parece indicar que ABC y Disney son hermanas de la caridad, pagándole a la desgraciada gente fea la cirugía necesaria para que puedan ser felices y llevar una vida normal. Incluso se pretende que las historias sean inspiracionales. Si ellos pudieron ¿Por qué yo no? En el show se dan tips de belleza y recomendaciones para tener una cirugía plástica más efectiva y segura; se hace todo para lograr la satisfacción de los pacientes.
Pacientes que empezaron por ceder los derechos de su nombre, apariencia física, voz, acciones, vida y dignidad a favor de unos ratings estupendos.
Y si alguien piensa ingenuamente que el show le brinda felicidad a las personas involucradas, le respondo que la felicidad no puede consistir en tener la nariz derecha, la panza durita, o el peinado perfecto. Encontrarse abierto en una mesa de operaciones, rodeado de cámaras como una especie de animal a medio hacerse, no es un sueño hecho realidad, es una carnicería.
Una definición de reality show, es que el género muestra situaciones, relatos y pasiones que aparecen en pantalla asociadas a personas que no tienen ninguna relación profesional con la televisión. En el caso de Extreme Makeover este concepto resulta inaplicable. Antes de participar, la solicitud para entrar al programa incluye preguntas cómo: ¿Qué partes de tu cuerpo te gustaría alterar? ¿Por qué? ¿De que forma se ha visto afectada tu vida por tu apariencia física? El candidato también debe incluir un video que muestre todas los defectos que desea operarse, y que explique por qué se merece un Extreme Makeover. Una vez firmada la solicitud, toda la información se vuelve legalmente propiedad de la compañía productora, formalizando así la relación profesional:
“By submitting this application I hereby consent to the recording, use and reuse by Producers…of my voice, actions, likeness, name, appearance, biographical material, and any information contained in my application to be a participant in the Program selected to participate in the Program in any manner whatsoever”
En cada programa se transforma a dos personas: los vemos desde su fase inicial y, después de varios meses de procedimientos televisados a detalle, llegar al resultado final. Luego los candidatos revelan su nueva imagen a sus amigos y familiares.
¿Es en verdad un sueño hecho realidad? Porque todo parece indicar que ABC y Disney son hermanas de la caridad, pagándole a la desgraciada gente fea la cirugía necesaria para que puedan ser felices y llevar una vida normal. Incluso se pretende que las historias sean inspiracionales. Si ellos pudieron ¿Por qué yo no? En el show se dan tips de belleza y recomendaciones para tener una cirugía plástica más efectiva y segura; se hace todo para lograr la satisfacción de los pacientes.
Pacientes que empezaron por ceder los derechos de su nombre, apariencia física, voz, acciones, vida y dignidad a favor de unos ratings estupendos.
Y si alguien piensa ingenuamente que el show le brinda felicidad a las personas involucradas, le respondo que la felicidad no puede consistir en tener la nariz derecha, la panza durita, o el peinado perfecto. Encontrarse abierto en una mesa de operaciones, rodeado de cámaras como una especie de animal a medio hacerse, no es un sueño hecho realidad, es una carnicería.
martes, 9 de septiembre de 2008
En el cielo
Heaven, (Alemania/Italia/EUA/Francia/Reino Unido, 2002)
En el cielo, fue escrita por Krzysztof Kieslowski (Azul, Blanco y Rojo, El Decálogo), y planeada como la primera parte de una trilogía sobre el cielo, el infierno y el purgatorio. Debido a la muerte del guionista y director polaco, la trilogía nunca fue concluida y el guión de En el cielo fue retomado por el director Tom Tykwer, (Corre Lola Corre).
Tykwer logra contar la historia de Kieslowski de manera elegante; aprovechando la fotografía de Frank Griebe, los paisajes de la campiña italiana y una atinada elección de actores, para crear una película conmodedora y relevante.
La trama es detonada por la decisión de un individuo de tomar la justicia en sus propias manos: Philippa comete un acto terrorista y mata a cuatro personas inocentes, eso la convierte en una asesina; pero también en víctima de un poder político corrupto y violento.
El espectador sigue a Phillipa mientras ella escapa de las autoridades y conoce a Filipo. Mientras avanza la película es imposible para Filipo, y para el público, no enamorarse de la carismática fugitiva y abandonar todo para huír con ella.
Fiel a su título, el cielo es un elemento recurrente en el filme: Está en la arquitectura del edificio, en el elevador, en el ático donde se refugian, en las iglesias, en el campo. Desde un principio la trama se dirige hacia él en todos los sentidos, ya sea simbólica, religiosa o literalmente.
A pesar de que En el cielo es una película de emociones fuertes, ésta no se limita a provocar reacciones en el espectador, sino que busca cambiar la percepción del mismo sobre conceptos considerados inamovibles; como el amor, la justicia, y la inocencia.
En el cielo, fue escrita por Krzysztof Kieslowski (Azul, Blanco y Rojo, El Decálogo), y planeada como la primera parte de una trilogía sobre el cielo, el infierno y el purgatorio. Debido a la muerte del guionista y director polaco, la trilogía nunca fue concluida y el guión de En el cielo fue retomado por el director Tom Tykwer, (Corre Lola Corre).
Tykwer logra contar la historia de Kieslowski de manera elegante; aprovechando la fotografía de Frank Griebe, los paisajes de la campiña italiana y una atinada elección de actores, para crear una película conmodedora y relevante.
La trama es detonada por la decisión de un individuo de tomar la justicia en sus propias manos: Philippa comete un acto terrorista y mata a cuatro personas inocentes, eso la convierte en una asesina; pero también en víctima de un poder político corrupto y violento.
El espectador sigue a Phillipa mientras ella escapa de las autoridades y conoce a Filipo. Mientras avanza la película es imposible para Filipo, y para el público, no enamorarse de la carismática fugitiva y abandonar todo para huír con ella.
Fiel a su título, el cielo es un elemento recurrente en el filme: Está en la arquitectura del edificio, en el elevador, en el ático donde se refugian, en las iglesias, en el campo. Desde un principio la trama se dirige hacia él en todos los sentidos, ya sea simbólica, religiosa o literalmente.
A pesar de que En el cielo es una película de emociones fuertes, ésta no se limita a provocar reacciones en el espectador, sino que busca cambiar la percepción del mismo sobre conceptos considerados inamovibles; como el amor, la justicia, y la inocencia.
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