Como si tener un blog abandonado no fuera suficiente, he decidio abrir uno nuevo. Bueno, en realidad la decisión no fue sólo mía, sino de todo un grupo de amigos convencidos de que tenemos mucho que decir. Creo que tienen razón.
Así que después de muchas fiestas, reuniones, viajes, juntas y... más fiestas, por fin nació "ocupaciones libres": http://ocupacioneslibres.wordpress.com.
La idea es actualizarlo todos los días (menos los sábados) con contenido sobre medios y, en general, sobre lo que se nos antoje. Está formado por seis personas quienes, a partir de las chelas de ayer, nos llamamos ippiepank.
Aquí les va una breve descripción del grupo:
Ibas es un tipo que trae la música por dentro. Neta, el punchis está en su corazón.
Ángelito es el señor productor. Él se encarga de que hagamos las cosas y, sobre todo, de que las logremos con estilo.
Pablo es un creativo. Rebotar ideas con él es como jugar al ping pong con Forrest Gump.
Toño ha convertido el albur en un arte, pero por el momento está trabajando en obtener su título de "Dr. Corazón"
César es nuestro puertoriqueño. No sólo le da caché al grupo con su acento extranjero, sino que es, por mucho, el más fashion de todos nosotros.
Y a mi ya me conocen.
En fin, tenemos muchos planes para "ocupaciones libres" y con un poco de disciplina creo que los podemos llevar a cabo, esa es la ventaja de hacer las cosas en equipo. Para los fans de mariacristinaescribe (léase Pablo y mi hermana Lupita): no se apuren, con suerte, hasta le vuelvo a agarrar el ritmo a esto de la escritura ociosa.
Los dejo con el texto de Julio Cortázar que inspiró el título de nuestro nuevo blog (es del cuento "Simulacros" del libro "Historias de cronopios y de famas"):
Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o por fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada.
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte. Mostrar todas las entradas
viernes, 4 de septiembre de 2009
lunes, 13 de octubre de 2008
Visita al cirujano, Remedios Varo

A través de la ventana se aprecia a la mujer perfecta. Una larga cabellera dorada rodea su cuerpo desnudo con líneas meticulosamente definidas, como el dibujo de un río en el mapa. Grandes ojos a medio abrir y un trazo recto dirigen la vista de su pequeñísima nariz, a una boca cerrada. A unos labios callados e inexpresivos.
El rostro en forma de corazón se sostiene por un cuello de cisne, preámbulo a un primer par de voluptuosos pechos. Bajo sus senos porta otros senos y bajo éstos se encuentra el tercer y último par. Cada uno más disminuido que el anterior, pero todos tan respingados como los demás.
Continuando hacia el sur, entre la diminuta cintura y sus femeninas caderas descansa un ombligo que parece pintado; y luego la sugerencia de un sexo limpio y simétrico. Esta inmóvil figura no necesita brazos ni piernas, y las terminaciones de sus miembros superfluos se desvanecen sutilmente en el fondo del aparador.
Afuera del consultorio, parada en el umbral junto a la ventana, espera una mujer-monstruo. Ya ha tocado el timbre, y sólo falta que la puerta se abra para refugiarla de la calle. El velo que la cubre evidencia vergüenza; y su plastourgencia se explica de inmediato por la tragedia de una nariz prominente; parece probable que sus túnicas escondan imperfectos semejantes, o incluso peores, a los de su cara.
La mujer idónea mira a la deforme hacía abajo; en sus ojos un dejo de fría aprobación, pronto ambas serán iguales. Impecables.
El rostro en forma de corazón se sostiene por un cuello de cisne, preámbulo a un primer par de voluptuosos pechos. Bajo sus senos porta otros senos y bajo éstos se encuentra el tercer y último par. Cada uno más disminuido que el anterior, pero todos tan respingados como los demás.
Continuando hacia el sur, entre la diminuta cintura y sus femeninas caderas descansa un ombligo que parece pintado; y luego la sugerencia de un sexo limpio y simétrico. Esta inmóvil figura no necesita brazos ni piernas, y las terminaciones de sus miembros superfluos se desvanecen sutilmente en el fondo del aparador.
Afuera del consultorio, parada en el umbral junto a la ventana, espera una mujer-monstruo. Ya ha tocado el timbre, y sólo falta que la puerta se abra para refugiarla de la calle. El velo que la cubre evidencia vergüenza; y su plastourgencia se explica de inmediato por la tragedia de una nariz prominente; parece probable que sus túnicas escondan imperfectos semejantes, o incluso peores, a los de su cara.
La mujer idónea mira a la deforme hacía abajo; en sus ojos un dejo de fría aprobación, pronto ambas serán iguales. Impecables.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)